El hombre que amaba escribir

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Leonardo Padura (Tânia Rêgo/Agência Brasil)
No sé si a Leonardo Padura le gustarán los perros, pero, si de algo estoy 99% seguro, es que le encanta escribir. Y lo hace divinamente. El escritor cubano es el autor de la monumental novela El hombre que amaba a los perros. Tres historias en una: la de Trotsky, su asesino (el camaleón Ramón Mercader), y un escritor frustrado con un desenlace trágico pero previsible.

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Mirada triste a ninguna parte

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John Cazale

Todos te lloramos, John Cazale. Y lo haremos toda la vida. Al menos hasta que nos queden fuerzas para llorar a los maestros, oficio que empieza a extinguirse. No le dedico esta entrada porque haya muerto hace unos días o hace no sé cuántos años de su fallecimiento. Nos dejó un 12 de mayo de 1978. Así que absténganse los viciosos de las efemérides. No, lo hago ahora, un día cualquiera, porque su huella en el cine, y lo digo convencidísimo, es abismal. Leer más “Mirada triste a ninguna parte”

Tarantino se pasa al teatro

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El director de cine Quentin Tarantino

De hecho, vuelve al teatro. No en el sentido literal, claro. La puesta en escena que hemos visto con su última producción, The Hateful Eight, para mi, no es más que teatro en el cine. Recuerda a sus inicios, a Reservoir Dogs, hace ya 24 años. Escenas larguísimas en un mismo escenario -el film dura casi tres horas-, la descripción de cada uno de los personajes… Todo se reduce a un Cluedo perfecto. Leer más “Tarantino se pasa al teatro”

Nápoles, un infierno

Para Roberto Saviano, Gomorra fue su perdición y a la vez su alivio. Sé que lo escribió hace mucho, allá por el  2006, pero el trabajo de campo, documentación y recopilación es de una brillantez que perdurará durante mucho tiempo en las estanterías de las librerías. No le gustó el libro a la Camorra, la mafia napolitana, como era de esperar. Señalar con el dedo peces gordos, entresijos de los clanes y varias confabulaciones fueron oficios que los capos no recibieron con los brazos abiertos, claro está. Por eso, a día de hoy, siguen con querer poner fin a su vida, mientras Saviano se mueve por el mundo con una órbita de guardaespaldas.

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La bahía de Nápoles con el monte Vesubio de fondo

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